“El depòsit d’acer inoxidable. Aventures d’un tècnic de manteniment” una història de José Manuel Domingo, director de Manteniment de Mercavalència

“El depòsit d’acer inoxidable. Aventures d’un tècnic de manteniment” una història de José Manuel Domingo, director de Manteniment de Mercavalència

A Mercavalència no sols ens preocupem per les fruites, les verdures, el peix, el marisc o les flors i les plantes, també ens interessen les persones. Conéixer als treballadors i treballadores que fan possible Mercavalència és fonamental. Per això hui vos presentem a José Manuel Domingo, director de Manteniment, que en el seu temps lliure li agrada escriure històries relacionades amb el seu treball i que poden ajudar a altres companys i companyes amb alguns dels problemes més habituals que ha d’afrontar en la seua jornada.

Una de les seues històries, titulada “El depòsit d’acer inoxidable. Aventures d’un tècnic de manteniment”, ha sigut publicada per la revista “Mantenimiento” una de les més importants d’Espanya sobre esta temàtica.

A continuació compartim el relat. Si vos agrada, podeu seguir-lo al seu Linkedin on comparteix estes històries habitualment.

 

El sonido del teléfono resonaba por toda la habitación, la pantalla iluminaba la oscuridad reinante, se podía ver entre penumbras el brazo de Christian intentado coger el móvil que siempre se lo dejaba lejos de la cama para no apagarlo enseguida y quedarse dormido. Desconcertado y con una voz cavernosa contestó al teléfono.

– ¿Quién?

– Christian, perdona que te llame a estas horas pero tenemos un problema con uno de los depósitos de agua caliente que alimenta el sistema de producción.

– ¿Qué le pasa?

– Se sale el agua justo por debajo de la boca de hombre y no podemos hacer nada.

– ¿Habéis probado a cambiar la junta de la boca de hombre por si se hubiese degradado?

– ¡¡No es problema de la boca de la junta!!. Se sale justo por debajo y es como si fuera una grieta. Si encendemos las bombas el agua se sale con mucha presión. ¡¡¡¡Necesitamos tu ayuda!!!!

– Bien me visto y voy para allá.

Al terminar la conversación se encontró sentado en la cama con la cabeza agachada y el teléfono apoyado en la pierna. No había pasado mucho tiempo desde que se había acostado, hacía apenas tres horas estaba viendo su serie favorita en la televisión.

Volvió a mirar el teléfono para comprobar la hora, eran las 2:22 de la mañana, en ese momento se acordó que no tenía el coche que usaba en estas ocasiones, su padre lo había llevado al mecánico para realizar la revisión para la ITV.

Él, desde hacía ya 2 años iba a trabajar en bicicleta y en ocasiones como esta o en días de lluvia utilizaba el coche de su padre.

Se levantó de la cama y se dirigió al baño, al encender la luz cerró la Puerta. Su mujer dormía y no quería molestarla más, ya se había despertado con la llamada y sabía que si volvía a despertarla se quedaría desvelada hasta la hora de levantarse.

Se colocó la ropa que tenía preparada de la noche anterior, fue a la cocina abrió la puerta de la terraza, salió a coger la bicicleta y el casco que se lo ponía antes de salir de casa. Solo pensaba que le quedaban 40 minutos hasta llegar a mantenimiento para enfrentarse a aquella avería.

Salió a la calle, era una noche fría, como todos los días se colocó el casco bluetooth en la oreja derecha, se emparejo en seguida con el móvil, abrió la aplicación de iVoox para escuchar sus podcasts favoritos. No se lo pensó dos veces, se subió a la bicicleta. Empezó a pedalear para entrar en calor lo antes posible.

El trayecto fue tranquilo, no había un alma por la calle, a decir verdad solo vio un coche de policía local con las luces encendidas apartado a un lado de la carretera, no le dio importancia y siguió pedaleando absorto en su podcasts y a la vez en qué se encontraría al llegar.

Llegó a mantenimiento, se bajó de la bicicleta y se dispuso a abrir la puerta con la tarjeta que siempre llevaba en el lateral de la mochila. Una vez dentro del taller, dejó la bicicleta apartada donde no molestaba y se dirigió al vestuario a cambiarse. Llegó al vestuario, antes de cambiarse se comunicó por walkie.

– ¿Mantenimiento instalaciones me recibes?

– ¿Mantenimiento instalaciones me recibes?

– Sí, dime

– Soy Christian, ¿habéis empezado a vaciar el depósito?

– No, queríamos que vieses la grieta

– Ok, voy en seguida, nos vemos allí.

Se apresuró a cambiarse, a la vez pensaba en las llaves que tendría que cerrar y las maniobras que debería de realizar para poder aislar el depósito cuándo decidiera vaciarlo.

Cuando caminaba por la calle en dirección a la avería, respiraba el olor particular de la fábrica donde trabajaba todos los días, ya se había acostumbrado a él pero al principio le costó bastante, no era un olor agradable se unían el olor de la fábrica y el de la depuradora que estaba junto a la sala de fluidos.

Allí estaba Juan esperando en la esquina junto a la puerta de entrada de la sala de fluidos. Este sentía mucho haber tenido que llamar a Christian pero no le había quedado más remedio que molestarlo.

– Buenas noches Christian

– Buenos días Juan. Le dijo Christian con una sonrisa en la boca. En realidad él se terminaba de levantar y Juan estaba de turno de noche.

– El agua nos llega hasta la puerta, no he querido vaciarlo para que vieses por donde se sale el agua.

– La estoy viendo, vamos a ver qué podemos hacer.

La sala de fluidos era una nave rectangular construida con una estructura metálica y de placas de hormigón alveolar de rápida construcción. Allí se encontraba el alma de la fábrica en cuanto a fluidos se trataba: agua fría, agua descalcificada, agua caliente, vapor y aire neumático.

La fuga de agua se veía desde la puerta, Juan le había quitado la protección a la boca de hombre y el agua salía sin problemas en una pequeña cascada por debajo de la misma.

Christian se acercó rodeando el depósito para no mojarse, se agachó y comprobó que efectivamente la fuga de agua provenía de la parte inferior de la boca de hombre de una pequeña grieta casi imperceptible a simple vista.

– Tenemos que vaciarlo para poder soldar la grieta. Vamos a ir cerrando las llaves para poder vaciar el depósito.

Juan se puso a ello sin demora, mientras que este cerraba las llaves de la instalación que alimentaba a ese depósito y apagaba las bombas que dependían del agua de ese mismo depósito, para que no trabajasen en vacío.

Christian por su parte, buscó una escalera para cerrar la llave de salida del depósito que se encontraba en la parte superior y así quitar la válvula de seguridad del mismo para poder tener una entrada de aire y poder facilitar la salida del agua por el desagüe del mismo. Una vez puesto a vaciar el depósito, se dispusieron a preparar la herramienta necesaria para realizar la reparación de dicha fuga.

Christian se dispuso a buscar el carro de soldadura, el cual disponía de un soldador electrónico con los cables de la pinza y la masa, electrodos de diferentes tipos de metales y una alargadera lo suficientemente larga para no tener problemas a la hora de buscar conexión eléctrica para el funcionamiento del soldador.

Por su parte Juan ya había traído la caja de herramientas, una pistola neumática que había conectado a la línea de aire más cercana preparada para funcionar.

Comenzaron a aflojar los tornillos y el agua empezó a salir en más cantidad. Tuvieron cuidado en aflojar mucho los tornillos para que el agua no se descontrolase y acabara mojándolos enteros.

Una vez vacío el depósito Christian se agachó para volver a reconocer aquella grieta que les estaba provocando aquella avería. Colocó la pinza en un lugar donde pudiese hacer masa correctamente para poder realizar una soldadura sin problemas, acto seguido conectó el soldador y ajustó la intensidad necesaria para el electrodo de 2,5 mm de inoxidable que pensaba utilizar. Se dispuso a colocarse el casco de soldadura.

Saltaron las primeras chispas al hacer contacto el electrodo en el depósito, Cristian lo repitió varias veces le gustaba calentar el electrodo para que fluyera a la hora de soldar.

Comenzó la soldadura con pulso firme y constante. No le resultó difícil realizar aquella soldadura, había realizado bastantes en su dilatada experiencia.

– Ya está, creo que podemos empezar a llenar el depósito para comprobar que está cerrada la dichosa grieta.

– Tiene muy buena pinta la soldadura Christian, creo que ya lo tenemos.

– Sí, no tiene mala pinta, la verdad. Comencemos a llenarlo.

El agua se oía entrar a una velocidad controlada, no habían abierto la llave de entrada de golpe. Al llegar el agua por encima del nivel de la boca de hombre empezaron a salir las primeras gotas de agua por la parte superior de la soldadura.

¡¡¡¡¡No puede ser!!!!!! -dijo Juan sorprendido de ver aquellas gotas de agua que poco a poco iban aumentando hasta transformarse en un chorrito de agua.

– Cierra la llave tenemos que volverlo a vaciar, esto va a ser más difícil de lo que pensaba.

Cristian se agachó para volver a comprobar la soldadura y vio que se habían hecho unas pequeñas grietas en la parte superior e inferior de la soldadura.

Miró el reloj, eran las 3:40 am y la producción empezaba a las 5:45, aún quedaba tiempo para la reparación pero no podía demorarse lo más mínimo.

Se disponía a volver a soldar, aquella vez reforzaría la soldadura completamente tanto en la parte superior como en la parte inferior. Las soldaduras quedaron con un trazo constante y bien proporcionado. Tal y como había dicho, había realizado un cordón en la parte superior y otro en la parte inferior para reforzar la soldadura anterior.

Volvieron a cerrar el depósito por la boca de hombre y se dispusieron a llenarlo de nuevo.

– Ahora sí que sí, dijo Juan sin ninguna duda en sus palabras.

– No sé, esas grietas no me han gustado nada, no las tengo todas conmigo la soldadura anterior estaba bien realizada y aun así perdía agua el depósito. Contestó Christian con una voz de no estar muy convencido de haber terminado con aquella avería.

Poco tiempo después volvieron a ver las dichosas gotas por el mismo sitio, pero esta vez por las soldaduras nuevas. La cara de desolación de Juan lo decía todo.

– Ya te decía yo Juan que esas grietas eran muy raras, para de llenar de agua el depósito y vamos a observar las grietas.

– Voy a ello

Sin perder un minuto volvieron a vaciar el depósito, se pusieron a observar aquellas grietas que se parecían mucho a cuando se fractura un cristal.

Eran las 4:45 el tiempo había pasado rapidísimo, se acercaba la hora de la producción y todavía no le habían dado solución a aquella pesadilla.

Christian había preparado un pequeño semicírculo de chapa de inoxidable de 4 milímetros para intentar soldarla encima de las soldaduras ya realizadas para cubrir más superficie.

– Juan conecta la radial con el disco de mil hojas, voy a rebajar los cordones de soldadura para acoplar esta chapa encima de las mismas e intentar cubrir más superficie de depósito e intentar buscar partes más sanas del metal.

Christian se puso las gafas protectoras y se dispuso a rebajar las soldaduras hasta que pudiese acoplar bien el semicírculo de chapa.

– Creo que con esto será suficiente, no quiero quitarle más capa a las soldaduras.

Una vez realizada la soldadura por todo el perímetro de la chapa, el depósito estaba de nuevo listo para ser llenado de nuevo.

Eran las 5:20 de la mañana, esta sería la última oportunidad que les quedaba para que comenzara la producción sin sobresaltos y sin que nadie se enterase de aquella pesadilla.

Comenzaron a llenar el depósito sin demora, un vez lleno el depósito parecía que no perdía.

– Esta vez sí nos hemos hecho con este maldito deposito. Dijo Juan con una sonrisa.

– Parece que sí, pon a calentar el circuito mientras yo voy recogiendo la herramienta.

Cuando el depósito empezaba a coger sus primeros grados de temperatura empezaron a verse las primeras gotas de agua asomando por la soldadura.

Christian desolado se agacho de nuevo y allí estaban esas malditas grietas en forma de cristal roto. No salía mucha agua así que pudieron comenzar la producción ese día sin problemas.

Durante la mañana, no satisfecho con la reparación, Christian investigó todo lo que pudo acerca del inoxidable, del agua descalcificada, de la soldadura y del aumento de temperatura en los depósitos de inoxidable. Para intentar averiguar porque se habían producido aquellas malditas grietas llegando a la conclusión que aquella avería no se reparaba con una simple soldadura o tapando la grieta con aquella chapa que había fabricado.

El depósito era de acero inoxidable 316l; un buen inoxidable, y se llenaba con agua descalcificada para suministrar agua a algunos sistemas de la producción. El problema estaba en el mismo depósito y en el agua descalcificada. Los descalificadores le quitan al agua los iones de calcio y magnesio, pero para ello utilizan salmuera que aporta iones de sodio al agua, y a esto tendríamos que añadir altas concentraciones de cloruros en el agua. Esta mezcla explosiva de moléculas se introduce en los poros del inoxidable realizando un intercambio molecular haciendo que pierda sus propiedades transformándolo en un material cristalizado. Este funcionamiento, al cabo del tiempo en de dicha instalación termina produciendo grietas en las partes más débiles del depósito, que son las soldaduras cercanas a la boca de hombre y uniones.

Casi llegando al medio día, cansado y con ganas de volver a casa después de una mañana ajetreado se acercó al despacho del director de Mantenimiento. Explicó lo sucedido punto por punto, qué había realizado él personalmente en la avería y las investigaciones que había realizado a raíz de no haberla resuelto correctamente. Asegurando a su director que estas grietas son el síntoma de que el depósito ha llegado al fin de su vida útil y hay que cambiarlo por uno nuevo.

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